
Y cuál es su lugar? mientras estemos en este plano físico y habitemos este cuerpo a este le corresponde uno de los más importantes.
Aunque el cuerpo tiene una vida finita, mientras estamos aquí, el cuerpo es nuestro operador en el mundo, todo a lo que accedemos, recibimos y transmitimos, sea de este plano material o de planos sutiles, pasa por él. Si desconectamos nuestro cuerpo del proceso, ¿qué estamos eliminando? Eliminamos el tomar conciencia de cómo estamos desenvolviendo, viviendo y experimentando la vida, estamos eliminando la consciencia de nosotros.
El gran ausente en la mayoría de procesos psicoterapéuticos es el cuerpo. Esto se debe a la tradición psicológica y psicoanalítica de «colocar y abordar” la terapéutica desde la parte mental y del cerebro, sin unirla a lo que está ocurriendo en el del resto del sistema corporal.
Nos ha faltado tener cuenta como se merece la Inteligencia del Cuerpo. La escisión mente-cuerpo no sólo ha olvidado al centro del que todo parte y al que todo llega, sino que también lo han hecho ciertas interpretaciones de corrientes espirituales, ignorando que es la puerta que nos lleva al Ser( pues es el Ser quien lo ha creado para nuestro aprendizaje y experimentación). Es hora de devolverle al cuerpo el lugar que se merece.
El cuerpo es donde nacen las emociones, esas emociones que nos definen, que nos diferencian, que nos aportan una personalidad, que nos permiten experimentar alegría o tristeza, amor o desamor,… Por lo que resulta indispensable para el trabajo emocional. Además, el cuerpo es el guardián físico del Inconsciente. Todas las memorias y experiencias de la persona están alojadas y han dejado sus huellas en el cuerpo que hoy se conoce como memoria celular. Por tanto, el cuerpo es además un acceso directo a nuestro inconsciente.
Si todo se desenvuelve a nivel mental y «espiritual», el espíritu no llega al cuerpo, ni tampoco al mundo, el Espíritu también es el Cuerpo, está en el Cuerpo es el creador de él.
Por si esto fuera poco, el cuerpo es el depositario, emisor y receptor de la energía, tanto física como sutil, por tanto, será protagonista indiscutible de todo trabajo energético.
El cuerpo es la última milla, es la conquista de la transformación. El cuerpo es el que hace que podamos experimentar la materia y podamos materializar cosas.
Dolores Picallo