
Quién no ha escuchado o no ha dicho alguna vez la famosa frase “el corazón tiene razones que la mente desconoce”.
Resultaría muy simple plantear una guerra entre la cabeza y el corazón, muy simple que la mente racional es la parte reflexiva, analítica, lógica, meditativa y que la mente emocional es impulsiva e ilógica. A veces sabemos algo porque nos lo dice nuestro corazón, ese saber nos da una convicción inexplicablemente segura, otras, algo que pensamos, que nos lo dice nuestro juicio y raciocinio, nuestra cabeza, nos llena de dudas y preocupación. La clave será encontrar el punto de equilibrio para que estas dos formas de conocimiento interactúen complementariamente. La emoción siempre se ha mantenido a un lado de la razón, siempre vinculada al cuerpo, porque aunque no pudiéramos dar rienda suelta a las reacciones corporales, la represión o eliminación de las emociones dejaba huella en el tono corporal, por ejemplo, o en la presencia repentina de un fuerte dolor de cabeza o estómago. Pero así y todo no siempre comprendemos nuestras emociones y mucho menos, sabemos qué hacer con ellas. Las emociones detectan los peligros y las oportunidades antes de que tengamos tiempo de ponernos a pensar en ellos.
Descodificando lo que nuestras emociones ponen de manifiesto nos encontramos con que tienen que ver con la supervivencia (el miedo nos protege de peligros, la rabia nos permite enfrentar adversidades o luchar por algo), con nuestra imagen social (sentirnos a gusto socialmente, profesionalmente), con las relaciones afectivas (sentirnos seguros, queridos, aceptados). Nuestro sistema emocional gran parte del tiempo está alerta y dándonos información sobre nuestro mundo relacional, si nos valoran, si nos respetan, si nos reconocen, si nos evitan, si nos rechazan.
Nuestras “corazonadas”, presentimientos, intuiciones, el llamado “sexto sentido”, sólo nos sirven a nosotros mismos, no podemos explicarlo, argumentarlo, pero dan cuenta de ese procesamiento previo y del por qué las emociones son sabias. Pero ellas solo provocarán movilizarnos. Integrar pensamiento y emoción para que ésta no se reprima, no se elimine o no se olvide y que sea guía en las decisiones que tenemos que tomar, en los conflictos que tenemos que resolver o nos haga conscientes de aquello que tenemos que cambiar de nosotros mismos o de nuestra relación con los demás.
Conocer nuestras emociones y el efecto que transmitirlas tiene en los otros, saber cómo determinan la forma en la cual percibimos nuestro entorno, comprenderlas y manejarlas adecuadamente, harán que nuestra vida personal y profesional mejore considerablemente.
Según como manejemos las emociones estas pueden facilitar u obstaculizar nuestra relación social. Si estamos tristes no siempre vamos a conseguir apoyo, acercamiento de otras personas, quizá logremos todo lo contrario. Mientras que si sonreímos a los otros, si nuestro estado de ánimo es de buen humor, alegre, sin duda estaremos facilitando ese acercamiento.
El cambio en el tono muscular, la sudoración, la taquicardia, la hipertensión, la sequedad en la boca, el rubor, la respiración, etc., son respuestas involuntarias que la persona no puede controlar, pero pueden prevenirse por medio de técnicas apropiadas como la relajación. Las expresiones faciales, el lenguaje no verbal, el tono de voz, el volumen, el ritmo, los movimientos del cuerpo, etc. forman también parte de esa expresión involuntaria. La persona puede intentar disimular su estado emocional pero el cuerpo siempre se va a manifestar con su expresión, en la medida que nos relajamos y conocemos nuestra forma de actuar estaremos también listos para modelar esas reacciones y que estas sean mucho más suaves y conscientes.
Así cuando escuchemos hablar de inteligencia emocional implica que nuestras emociones nos movilicen integradas con razón y el corazón que guiará nuestra toma de decisiones, nuestra manera de afrontar las situaciones. En concreto, es volver a utilizar esa especie de “brújula interna” que tenemos muy guardada y algo olvidada en el interior de nosotros mismos.
Cuando mente y corazón van de la mano todo es posible